El adiós más difícil

Posted on 20/01/2012

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Llegó la hora de decir Sayonara (Adiós, en japonés), y lo más difícil es hacerlo con el grupo de trabajo que se ha convertido en familia en estos 106 días. Además del día a día, hemos compartido altibajos y muchas experiencias en esta aventura que seguro marcará la vida de todos en diferentes maneras. ¿Quién puede entender mejor lo que significa hacer un viaje en Peace Boat como profesor de idiomas que los mismos compañeros de GET? Comenzábamos a sentir la nostalgia…

Los coordinadores organizaron 2 actividades para despedirnos formalmente. La primera fue entre los profesores. Intercambiamos bolitas de colores para hacer juntos pulseras de recuerdo. En el proceso, teníamos 10 minutos para hablar con cada compañero y agradecerle o decirle lo que quisiéramos.

Fue intenso… Muchas lágrimas y demasiado cariño. Habíamos entablado una relación única en el viaje. La verdad es que no sabemos si nos volveremos a ver una vez que regresemos a nuestras vidas y nuestros países, pero sabemos que seguimos conectados en este mundo emitiendo energías positivas que nos unen.

La segunda actividad fue una entrega de diplomas. Los coordinadores, tanto de los profesores como los intérpretes, nos prepararon un certificado de finalización del viaje. Cada uno incluía una descripción de la contribución particular que había hecho cada profesor a lo largo de estos meses. Fue muy conmovedor.

Nos esperaba la última foto grupal. Después de esta ceremonia formal de despedida, ya no habría tiempo para decir adiós.

Afuera, se podía ver a los pasajeros preparándose para descender del barco. Estábamos llegando a Japón y podíamos ver la costa.

Todos estaban ansiosos y bien vestidos para el reencuentro con sus familiares. ¡Qué emoción!

Sin embargo, para los que no vivimos en Japón, la ruta a casa todavía era larga. Los trabajadores teníamos en mente otra cosa en este momento: mover las valijas. Ya nos habían advertido que el final sería así: trabajo, sudor, fuerzas y pocas energías para despedirnos bien.

Nos reunimos por última vez para recibir instrucciones. Las miles de maletas que se llevaban los pasajeros tenían que llegar a la recepción para ser bajadas por los voluntarios locales.

Lo mejor de viajar en barco es que no hay límite de kilos ni maletas, así que los que pueden compran a morir en los puertos. No nos quedó otra que divertirnos mientras trabajábamos.

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