Ahora sí… ¡llegamos!

Posted on 20/01/2012

0



El barco ancló y volvimos a pisar tierra japonesa. Aunque en tierras ajenas, los extranjeros sentíamos que habíamos vuelto a una clase de hogar. Nada nos llamaba tanto la atención como cuando recién partíamos de Yokohama. Yo me sentía enamorada de Japón, aunque sí notaba una diferencia entre la gente del barco y los locales que estaban sumamente ocupados en sus vidas rutinarias.

Los pasajeros saludaban con alegría a sus familiares y amigos, aunque se sabía que muchos ya no eran los mismos que se fueron. ¿Cómo serían sus nuevas vidas? ¿Seguirían con los mismos amores? ¿Se ajustarían nuevamente a los valores tradicionales japoneses? Todo era una incógnita.

Mientras Monica, nuestra compañera sueca-japonesa que gentilmente había aceptado alojar a 10 de los profesores extranjeros que no teníamos lugar para dormir en Japón, hacía fila para enviar sus cajas a su casa desde el puerto, aprovechamos para sacar unas últimas fotos.

Una con la directora del barco que estaba vestida formalmente para despedir a todos con agradecimiento…

Otra con nuestro súper amigo Leon, el fotógrafo…

Y otra con el barco que ha sido nuestro sucucho por 106 días y al que no tendremos oportunidad de volver tan fácilmente. ¡Te voy a extrañar!

Desde el puerto saludamos a los tripulantes que se quedaban en el barco trabajando. Vi a la banda filipina que decía adiós por las ventanas y recordé a todos aquéllos trabajadores de diferentes partes del mundo (Indonesia, Filipinas, India, Honduras, Belice, Nicaragua, etc.) que hicieron posible nuestro viaje. ¡Gracias! Trabajar en un barco crucero es una ardua labor que se hace más difícil por estar en el mar y lejos de la familia por mucho tiempo. Sé que continuarán tocando vidas con Peace Boat. ¡Muchas gracias!

Estoy feliz, pero también exhausta. Ha sido una vida condensada en 106 días. ¡Qué locura!

Anuncios
Posted in: América, Asia, África, Europa