Festival de Verano y una triste despedida

Posted on 05/01/2012

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En Japón se celebra el Festival de Verano todos los años con tradiciones notables y encantadoras. En medio de la ola de puertos latinos, volvimos a vivir Japón en nuestra sangre.

Para este evento tan especial, mis alumnos me prepararon un traje típico, la Yukata, bien tempranito. Las señoras me invitaron a su habitación para vestirme con el colorido vestido. Para mi sorpresa, cuando terminaron de ponérmelo, me dijeron que era un regalo. Me conmovió mucho recibir por primera vez este tipo de obsequio tradicional que lleva cargado un significado importante. El cariño, el respeto, la aceptación… de estudiantes de la edad de mi abuelo que no pueden comunicarse bien en español todavía conmigo, pero están felices de aprender y de compartir conmigo este viaje.

El regalo no fue el único causante de mis lágrimas. En la misma mañana me informaron de que uno de mis estudiantes, Kiyoshi, el profesor de física de 70 años que tenía un muy buen sentido del humor en japonés en clase, tenía problemas en la columna y no podía moverse, así que tenía que bajar del barco y volar desde la Ciudad de Panamá a Tokio para ser hospitalizado. Lo fuimos a visitar a la habitación y verlo tan débil me produjo una sensación de tristeza y angustia. ¿Cuándo más nos íbamos a ver? ¿Qué será de la vida de este anciano tan sabio? ¡Qué lazo hemos creado en tan corto tiempo! Tan surreal, y tan real a la vez. No pude contener todo lo que no podía expresarle en japonés… Lo abracé y con mi mirada quise decirle que lo apreciaba mucho y que le deseaba lo mejor. También le dije que había sido un maestro para mí.

Tragué mis emociones… No pensé que iba a vivir esto durante el viaje, pero agradezco haberlo podido hacer. Subimos a la terraza y nos convertimos en espectadores. No tenía muchas energía para participar, pero ¡los delfines vinieron a animarme!

Además, observar y procesar todo lo pasado frente a una comunidad en movimiento y con mucha vida fue enriquecedor.

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