Mis tesoros del barco

Posted on 02/01/2012

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Gracias a la oportunidad de trabajar como profesora de español, vocación que descubrí hace unos 5 años y que comencé a amar desde la primera clase que tuve, pude subir a este barco mágico.

Ya a un paso de llegar a Latinoamérica, los más nerviosos del barco eran los que estaban inscriptos en las clases intensivas de español. Les presento a mis dos clases maravillosas. Cada una de ellas es diferente pero tiene su encanto. A lo largo del viaje nos convertimos en familia, después de vencer el mareo y la pizarra moviéndose al ritmo de las olas en una habitación muy pequeña y luego de compartir tantas actividades y puertos juntos.

La Clase A estaba formada por profesionales independientes y muy activos. Aprendí muchísimo de ellos. Todas las clases eran divertidas con su participación y espontaneidad.

El promedio de edad de la Clase B era de 65. ¿Dónde más tendría la chance de tener una experiencia así de única como maestra? Enseñar a abuelitos en un barco y sin saber japonés… Su devoción al aprendizaje de nuevos conocimientos me impresionaba y en cada clase me enternecía el esfuerzo infinito que hacían.

Las dos clases lograron mucho más de lo que esperaban. Además de animarse a hacer algo nuevo en sus vidas, lograron comunicarse en español y al final del viaje también dar un discurso en español. Surgieron hasta poemas e historias personales que nos robaron lágrimas a los oyentes. Fue un proceso inspirador para mí y reforzó mi decisión de dedicarme a la educación. Arigatou Gozaimashita mis queridos estudiantes. Han sido mis mejores maestros en este viaje.

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Posted in: América