Mientras…

Posted on 19/12/2011

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Mientras visitábamos los diferentes puertos de Europa, la vida en el barco seguía intensa. Desde aprender a bailar la danza tradicional catalana Sardana y comprender mejor el tema de sexualidad y género, hasta vestir el traje coreano Hanbok y organizar un karaoke en español e inglés, las actividades llenaban el periódico todos los días. Fue el periodo que pasó más rápido en este viaje, y uno de los más divertidos.

Para entablar una relación más cercana con los pasajeros, Peace Boat decidió realizar una serie de paneles con los profesores e intérpretes voluntarios. La primera sesión fue con Monica, sueca-japonesa que estudió en Canadá; Ina, japonesa que estudió en Estados Unidos; Silvy, coreana que trabajó en Japón como traductora; y yo, argentina de padres taiwaneses que estudió en Taiwán y España.

Nos presentamos y hablamos de nuestro trasfondo cultural, de nuestras experiencias de viaje y cómo fue que terminamos formando parte de este proyecto. A pesar de no tenerle pánico absoluto al micrófono después de años de trabajar como locutora, descubrí que hablar en público, especialmente con gente que no entiende tu idioma, seguía siendo todo un reto. Los nervios me consumieron, pero con la práctica y las numerosas veces que le seguirían a ésta, le fui tomando el gusto. Uno de los objetivos del viaje fue moldear a todos los que participaron y generar auto-confianza en las personas.

Otra que también estaba sacando todas sus agallas para hablar en público era Patrí, quien insistía que le costaba mucho expresarse. Su taller sobre Barcelona nos llevó a los presentes a bailar Sardana con alegría y ansias de visitar la hermosa ciudad catalana. Patrí fue una de las que más creció en este viaje, y sin su entusiasmo, este viaje no hubiera sido tan interesante.

Para celebrar nuestros pequeños logros personales y la valiosa amistad que habíamos creado, brindamos con el nuevo cocktail de la semana: Piña Colada. Ya estábamos soñando con Latinoamérica.

Detrás de nuestro brindis se estaba llevando a cabo la primera charla sobre sexualidad y género. En el barco nos acompañaron dos gays, una lesbiana y un transexual, y con ellos aprendimos de sus identidades y de los derechos de los homosexuales en el mundo.

El barco comenzaba a explorar temas diversos y tabús para la sociedad japonesa. Comenzábamos a sentir el cambio en los pasajeros.

En semejante proceso de transformación personal, el cielo, el mar y el sol eran esenciales para nutrirnos de oxígeno y equilibrio.

El atardecer diario era mágico desde el barco.

La música y los pasos románticos nos susurraban nostalgia desde las ventanas que daban al salón del bar.

Viajar en el Peace Boat no sólo es dar la vuelta al mundo, sino a su vez entrar en otras culturas dentro del barco.

Nuestras compañeras coreanas trajeron sus vestidos tradicionales, el Hanbok, para enseñarnos cómo se hacen las reverencias en su país.

Patrí y Bekah, la nuevazelandesa, discutían las diferencias entre los vestidos tradicionales japoneses y los coreanos, especialmente en cuanto a su restricción al movimiento de las mujeres.

En otro rincón, un joven japonés nos enseñaba la ceremonia del té y nos invitaba a tomar Maccha a los extranjeros del barco.

Y para celebrar el Festival de Medio Otoño, tradición china festejada el 15 del octavo mes lunar, los pasajeros provenientes de China cantaron sus melodías hacia la luna llena.

En la celebración, hubo presentaciones de poesías chinas y canciones tradicionales hechas por pasajeros japoneses del barco que habían estado aprendiendo chino en el viaje. El intercambio cultural pacífico entre dos culturas que han estado compitiendo por la supremacía en Asia desde hace miles de años me conmovió. Con Ricardo, el profesor de Inglaterra, nos animamos a subir al escenario a cantar una melodía de niños que aprendió cuando estuvo viajando por China.

Una de las estudiantes chinas, Xiaolan, hizo una demostración de artes marciales que impresionó a los japoneses.

Además de ingredientes culturales, en el barco teníamos espacios occidentales. El más popular era el baile de danza social que se organizaba frecuentemente para los ancianos.

Las noches de gala incluían una cena formal, ocasión en la que aprovechábamos para relajarnos un poco y brindar por el viaje y las increíbles experiencias que estábamos viviendo.

Esta vez organizamos un evento especial para que nuestros alumnos pusieran en práctica lo aprendido: noche de karaoke en inglés y español. Las clases de Bárbara y las mías se unieron para cantar la canción en español preferida y más famosa de los orientales: Bésame mucho.

Para sacudir un poco el esqueleto, en el día se realizó un torneo de baloncesto en el que varios se sintieron una estrella en la costa de Noruega.

Eso sí… tuvimos eventos serias también. El 11 de septiembre se llevaron a cabo charlas en conmemoración al ataque de las Torres Gemelas de Estados Unidos. Los estadounidenses del barco analizaron la situación actual, comentaron su opinión sobre la política exterior del país y nos invitaron a reflexionar sobre el concepto de “seguridad humana”.

Terminar de visitar Europa significaba para mí algo más: comenzaría mi etapa de enseñarles a los niños del barco español con el método Montessori. Steven, el experto en dicha metodología y ex director de una escuela en Australia, nos preparó a Patrí y a mí para el nuevo desafío.

Llegamos a la mitad del viaje. Todo esto y mucho más fue lo que vivimos en Europa, y ¡nos espera mucho más!

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