Europa Occidental otra vez, sintiéndome en casa

Posted on 15/12/2011

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Con lo caro que sale viajar por estos lados, nunca pensé que volvería a Europa tan pronto. Peace Boat me llevó a lugares que ya había visitado, pero esta vez el sentimiento era diferente. Viajar con amigos y animarnos a nuevas experiencias le agregó todo un nuevo sabor a los países que parecen museos de Europa Occidental.

El viaje relámpago en fotos (Hacé click en este título para ver todas las tomas)

Comenzamos por Grecia. Atenas estaba tensa con la situación económica turbia que han tenido los últimos años. El lugar estaba lleno de turistas, pero los locales no se sentían entusiasmados con la idea de sólo vivir de ingresos extranjeros.

Los monumentos y los paisajes, sin embargo, continuaban intactos. Es que en estas partes todo parece quedar en la historia…

Lo que alegraba era el arte que le daba color a las angustias y un poco de esperanza a los bolsillos. A mí me fascinaba la blancura combinada con el azul en los edificios que no se ven en la capital, sino en las islas preciosas de Grecia.

Para sentirnos integradas a la cultura local, con Belinda de Australia decidimos hacer lo que la gente suele tomar como método de defensa y escape ante los problemas: ir a la playa y consolarse con las caricias del agua.

El segundo destino en Europa fue el sur de Italia. Catania es famosa por su mezcla de sagrada y mafia.

Una ciudad, casi pueblito, muy pequeña y antigua con dos o tres calles de tiendas modernas nos abría sus puertas. Decidí pasar un día sola, ya que me gusta caminar en silencio entre los pobladores, formando parte de su mundo.

Sin embargo, en mis caminatas era inevitablemente encontrarme con pasajeros del barco, ya que después de todo somos 1050 personas en un mismo lugar.

Pasé tiempo con Danesa, una hondureña de la tripulación que trabajaba por primera vez en el barco para enviar dinero a casa y mantener a su hijo. Escuchar historias, sentirnos parte de lo mismo en este mundo. ¿Quién, ya sea en el norte o en el sur, en el dinero o la pobreza, no lucha por lo mismo: familia, dinero, amor, felicidad?

En España mi día fue dedicado al trabajo. Peace Boat organiza viajes de intercambio con locales en diferentes puertos para que los estudiantes de idiomas abordo puedan poner en práctica lo que aprendieron. Llegando al primer puerto de hablahispana, nuestros alumnos tuvieron que planear, de a grupos de 3 y con un español en medio, qué visitar y qué comer en el día. Junto a mi coordinador y Patrícia, quien estaba emocionada de llegar a su ciudad, preparamos a nuestros estudiantes con el vocabulario y las expresiones necesarias, y los ayudamos a planificar su visita a Barcelona con jóvenes locales. Antes de comenzar con las responsabilidades, Bárbara me presentó a sus amigos mexicanos mientras y enseguida fui abrazada por la calidez latina.

Tuve poco tiempo libre, pero me sentí como en casa. Disfruté de los churros con chocolate, de Las Ramblas, y de hacer compras de ropa. Necesitaba un día “de rutina” después de tanto tiempo en el barco. Las simplezas de la vida tienen mayor valor de lo que pensamos.

En una ciudad tan bonita, es difícil no inspirarse o encontrar amor en las esquinas. Me agarró cierta nostalgia…

Quienes estaban peor al finalizar la visita al puerto eran mis amigas hispanohablantes. Patrí había visto a su familia por un día y Barb a sus amigos que hacía mucho no veía también por una jornada. Encuentros rápidos en los que uno comparte una vida pero después se tiene que separar. La ceremonia de partida la tuvimos sentadas en la parte descubierta del barco cantando nuestras penas al ritmo de la guitarra improvisada de Patrí. En el medio de la oscuridad se acercó una de mis alumnas para regalarme flores que compró por motivo de mi cumpleaños. Fue una sorpresa que conmovió mi corazón. ¡Cuánto cariño se puede encontrar dando la vuelta al mundo!

Pisamos Francia y como el puerto no era muy interesante, nos tomamos el autobús a Etrétat. Fue un día relajado con cortas caminatas y charlas acostados en la playa de rocas picando con una champagna con sabor a aceitunas que casi nos hace devolver toda la alegría del día.

La tranquilidad y la paz nos envolvían de placer. Los paisajes hermosos que abren sus puertas a los humanos para que probemos un poco de su hermosura nos hacen sentir afortunados de estar en el medio de semejante naturaleza.

La última parada de Europa Occidental fue Amsterdam, y de esta ciudad no hay mucho más que decir que puentes, bicicletas y libertad. Alex y Barb me guiaron en bici por los rincones del laberinto. Pasamos un día alucinante.

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