Cumpliendo el mismo día que la Paz

Posted on 05/12/2011

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Pasar el cumpleaños lejos de casa siempre trae cierta nostalgia. Sin embargo, la mensajera Patrí me sorprendió con una postal en la puerta bien tempranito, y una hadita compañera se encargó de que mi celebración sea mágica. Amanecí con un saludo mexicano con muchísimo cariño. Barbarita apareció en mi cuarto cantándome Las Mañanitas, tradición en muchos países latinoamericanos, y despertándome cuando menos lo esperaba. Me conmovió la amistad que creamos en tan solo un mes de conocernos y la unión que pueden a llegar a sentir dos personas desconocidas en un viaje inesperado.

Luego de secar las lágrimas de alegría producidas por el Ganesh hindú y los aretes traídos del otro lado del mundo para ser ahora compañía de esta fanática de colgantitos, regalos de esta chamiga, comenzamos el festejo de mi día.

Bar llevaba su iPod en la cintura, convirtiéndose en mi “disco móvil”. Pasamos un día rapeando al son de ritmos latinos.

En el camino iba recibiendo el abrazo de nuevas caras que se convirtieron en familiares viviendo el día a día en el barco.

Desde el desayuno fui mimada. ¡Qué suerte cumplir en el barco!

Y mi momento fue tomar sol en una fiesta abierta en la piscina que nunca tuve…

Al mediodía pasamos tiempo practicando el show de la noche en conmemoración al día que Japón se retiró de la guerra y nunca más volvió a tocar un arma.

Después de sudar tanto, Patrí y las chicas me regalaron un chapuzón “al natural”, espontaneidad contagiosa y vívida que sólo causa más risas y locuras.

Beth, buen humor andante, me regaló una trenza de perseverancia y me compartió dos de sus mejores amigos: un chupetín para hacer feliz al corazón, y un tequilita para quitar las penas.

Por la noche, la cena venía con una torta y una bendición de todos los que me rodeaban. Mi primer cumple con gente de todo el mundo, unidos en esta aventura por una misma causa. Mi deseo: el Amor.

28 años de festejar el día de mi nacimiento, y nunca se me ocurrió relacionarlo con lo que significa el 15 de agosto para la historia y la mitad de la humanidad: el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Este año mi cumpleaños me invita a una reflexión especial: la Paz Mundial, y mi contribución a esta meta que por momentos parece inalcanzable gracias a lo testarudos, egoístas y cerrados que somos los seres humanos.

Por dos semanas estuvimos practicando la coreografía de la Danza de la Paz, movimientos simbólicos que relatan el proceso de la paz desde el odio, la resistencia, la lucha y al final la aceptación. Normalmente es raro encontrar a Claudia involucrarse en bailes unánimes que se asocian con el sueño adolescente de demostrarle al público la energía innata de la juventud. Sin embargo, este proyecto me conmovió por su seriedad y porque cada paso transmitía esperanza. Además, ¿qué mejor que descubrir el joven en uno a esta edad?

Ha sido una noche de muchas voces. Peace Boat organizó una ceremonia de reflexión, con títeres de teatro negro, el relato de diferentes actores de diversas nacionalidades sobre cómo vivieron la guerra, los recuerdos de ancianos japoneses que fueron víctimas del pasado y varios artes escénicos.

Fue el primer gran momento del viaje… comenzábamos a entrar en tema. La Paz.

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