Preparándonos para el Mundo Árabe

Posted on 03/12/2011

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Dejamos atrás el Lejano Oriente y nos vamos aproximando al Mundo Árabe. Tenemos 11 días en el barco antes de llegar. Así es como vivimos el día a día y cómo matamos el tiempo: con nuevas experiencias y mucha alegría.

Al principio el mar no nos dejaba en paz y nos azotaba con las olas, intentando acabar con nuestras ganas de trabajar o continuar el viaje. En mis ratos libres me escondía en la habitación y dormía bajo el hechizo de las pastillas que previenen el mareo. Sin embargo, en la mayoría del tiempo las responsabilidades nos llamaban y comenzábamos a dar clases.

En el primer periodo de clases, nos tocó a Bárbara y a mí participar en la sesión de Chat with (“Habla con”) diaria para que los estudiantes tuviesen oportunidad de practicar inglés y español con los profesores fuera de clase.

Gracias a la invitación de Patrí, decidí sumarme a las clases de ukelele y aprender un poquito del ritmo isleño.

Mientras, en uno de los salones se comenzaba a exponer fotos para recordar el ataque nuclear de Estados Unidos a Japón, masacre que terminó con la Segunda Guerra Mundial y que cambió el rumbo de Japón por siempre. Empezábamos a reflexionar con la entrada al mes de agosto.

Después de unos días, las aguas se calmaron y no resistimos la tentación de salir al descubierto para buscar tierra. Resulta que estar rodeado de mar también puede desesperar a la mente humana. Encontramos compañía en el viaje… eran buques de tanques petroleros.

Cada día después de clases salimos a charlar sobre la vida y a conocernos un poco más. Las chicas de español, vestidas de rojo pasión, intentan agregarle algo especial a la tranquilidad.

En el salón principal, los intérpretes y traductores, llamados Communication Coordinators (“Coordinadores de Comunicación”) se presentaban y hacían conocer su papel importante en este viaje. Serían el puente entre hispanohablantes y angloparlantes y japoneses. Sin ellos, el viaje no sería posible para nadie. Los jóvenes CCs nos traían una energía inigualable.

El paisaje se ponía interesante…

Luna nos deslumbraba con sus presentaciones de la Danza del Vientre, esparciendo gotas de misticismo del Medio Oriente.

En el primer desfile de moda grandes y niños sacamos del guardarropas las nuevas prendas compradas en Asia, convirtiendo al barco en un mundo de colores.

Y por la noche la juventud saltaba frente al DJ, bailando los sueños que trajimos en esta aventura.

Al día siguiente organizamos nuestro primer Café Latino, presentación de la cultura latina para todos los pasajeros. Nuestro tema fue la música tradicional de Argentina, México y España. Hubo Tango, Mariachis y Flamenco… Para celebrar, aprendimos a hacer Origami, el arte japonés de doblar papel.

Además de clases, realizamos otros eventos para alentar a los pasajeros a usar lenguas extranjeras. Mi grupo de profesores eligió encargarse del proyecto de entrevistar a gente en los puertos sobre qué es la paz. Tuvimos que preparar un ejemplo para que los pasajeros decidieran si sumarse a nuestra actividad o a otras también muy atractivas como hacer un libro para niños, una obra de teatro, un programa radial, un vídeo musical, una serie de poemas fotográficos, etc.

Entrando en calor con el tema de la paz, algunas de las profesoras nos inscribimos en el Baile de la Paz, una coreografía con pasos simbólicos que realiza el Barco de la Paz en todos los viajes. La práctica resultó más ardua de lo que pensábamos. Era la primera vez que entrenábamos al estilo japonés: mil veces sin parar hasta la perfección absoluta. Hubo frustraciones y malentendidos, pero sobrevivimos y aprendimos.

Nuestro premio nos lo dio la naturaleza, deslumbrándonos con paisajes increíbles… Nos dejó sin palabras…

e hipnotizadas…

A algunos los inspiró para revivir las escenas de la película Titanic…

Dos días antes de llegar al Medio Oriente, la organización realizó una subasta para apoyar a una fundación que ayuda a los niños de la región. La noche se ponía buena con el baile formal…

y la banda en vivo que nos acompañaba todos los días.

La cena especial con brindis iba abriendo nuestros corazones a la generosidad.

Y los “servicios a subastar” nos íbamos preparando con la mejor sonrisa.

Los pasajeros, jugando a ser ricos, lo hacían contribuyendo a una causa noble.

Y los “subastados”, ofrecían sus servicios y clases sin nada a cambio. Las ofertas eran clases de italiano, de francés, de sueco, de salsa y de ballet, un vídeo profesional personal mostrando la vida en el barco, una cita con el capitán, una canción compuesta especialmente para la persona, vestir trajes coreanos tradicionales con la ayuda de las coreanas que viajaban a bordo, etc.

La subasta fue un éxito y se recolectó más de lo que se esperaba para la donación. Estábamos preparados para pisar tierra, así que el subcapitán nos dio una sesión informativa obligatoria sobre el puerto al que íbamos a llegar.

Luego de saber que teníamos que vestir lo más conservador posible, especialmente las mujeres, festejamos nuestras ansias y exaltación con una noche de danzas árabes…

y cantores independientes…

Por nuestra parte, teníamos una celebración privada. Patrí cumplía años. Cena con torta y tripulantes cantando el Happy Birthday remixado..

y sushi en el bar con nuevos amigos japoneses.

¡La aventura recién comienza! Mañana… ¡Jordania!

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