Haciéndonos amigos del agua

Posted on 12/11/2011

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En el periódico del barco de esta mañana aparecieron más de 40 actividades y eventos, algunos planeados por el comité de la organización, pero la mayoría creados por los mismos participantes.

A las 6am algunos de los que habían amanecido hablaron con delfines que hacían piruetas cerca del barco y otros practicaban aerobics, ukelele y danza social en diferentes salones del barco.

Los profesores despertamos apresurados para llegar al desayuno que caducaba a las 9am. Luego, una serie de reuniones nos esperaba porque pronto comenzarán las clases formales. Organización, preparación y práctica: esos son los pasos a seguir en la cultura japonesa en el trabajo y en todo aspecto de la vida, me explicaba una de las intérpretes.

Antes de comenzar con las responsabilidades, respiré aire fresco y saludé al mar.

Estaba calmo y precioso.

Decidí dar vueltas por los distintos pisos del barco para espiar lo que la gente estaba haciendo. Música por allá, ejercicio por acá, charla por este lado, artersanía por el otro. Entre las locuras del día, estaba el taller sobre diferentes formas de realizar un funeral, una charla sobre el método Montessori en Japón, un grupo de imitadores de personajes, clases de chino para principiantes, aerobics con uno de los campeones de Japón, práctica de la hinchada para el campeonato de deportes que tendremos, lección de danza del vientre, y muchas otras actividades más.

Nos concentramos en lo nuestro: familiarizarnos con las aulas y los recursos para dar clases. Los coordinadores y los profesores de viajes anteriores nos dejaron todo preparado. Hasta encontré el libro de apoyo que suelo usar como mano derecha en las clases.

Pude dar un suspiro de alivio y un chapuzón en la pileta de agua salada que nos contactaba con el mar sobre el cual estábamos navegando.

¡Un placer! y un poquito de bronceado.

Otra reunión más, esta vez sobre el primer puerto en el que anclaremos: Da Nang, Vietnam. ¡Qué emoción! ¿Qué podremos ver en un día? Yo quiero probarlo todo.

Al finalizar fuimos a toda prisa a alcanzar el atadecer. Con libro en mano y recién terminada nuestra planificación de la primer lección, despedimos el sol. La foto lo dice todo:

Tadanori, quien ya se aprendió los nombres de todos los profes y todos los santos días nos saluda con una sonrisa que contagia, congelaba el paisaje en una cuaderno.

Su pintura me conmovió. Tanta gente talentosa en este barco…

Mi momento del día es sacudir el esqueleto en el bar donde la música de la banda filipina atrae almas curiosas todas las noches después de la cena. Es el “saborrrrr” del barco y lo disfruto mucho porque cantan canciones viejas. Hoy nos deleitaron con un poco de rock and roll y twist.

Para cerrar la noche, un cantante japonés nos mandó a dormir con canciones que nos incitaban a meditar en la paz, el amor y el mundo, incluyendo una versión propia de “Imagine” de John Lennon.

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