Día 3: ¡Por fin la luz del sol!

Posted on 09/11/2011

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Japón, 21 de julio de 2011.

La vestimenta y el maquillaje del día fue el chaleco salvavidas y protector solar. A las 10am sonaron las alarmas y con mi compañera de habitación, Silvy de Corea, nos pusimos el accesorio que duerme ahora en nuestro guardarropas. Seguimos las instrucciones y subimos las escaleras hasta la zona de encuentro con nuestro grupo. Estábamos divididos por números y, en caso de emergencia, seríamos compañeros de escape en los barquitos equipados con comida y elementos esenciales de supervivencia que estaban ubicados a un lado del barco.

 Aunque el simulacro comenzó en silencio, la luz del sol nos agitó y no había persona sin cámara andando por el barco. Luego de 2 días de tifón, por fin veíamos el cielo azul dialogando con el mar intenso.

Formamos filas, las mujeres y ancianos adelante y los hombres atrás, y el vice capitán pasó montón por montón para supervisar nuestros chalecos y decirnos “esto no es broma ni tiempo de charla”. Su cara restauró el silencio. Todos mirábamos el mar y en vez de salvarnos nos daban ganas de saltar a nadar. Volvió a pasar, pero esta vez para felicitarnos con el calificativo “precioso” por la formación militar que habíamos logrado. ¿Será que hasta los capitanes están locos en el barco? ¿Cómo no sonreír con tantos personajes? Cada vez me encanta más este viaje.

Luego de alrededor de media hora, nos liberaron y salimos corriendo a sacar fotos. Entendí que el paisaje que deleitaba nuestros ojos sería nuestra tierra por 101 días y me enamoré del agua.

Recién comenzaba el día y ya estábamos felices. En el último piso del barco abrieron el techo y mientras almorzábamos sentíamos el olor del mar. Al lado nuestro, los ancianos caminaban y caminaban en círculos con dos bastones profesionales. Era el club de “Imaginá que hacés trekking por el circuito del Mar de China”. Sudaban y no paraban, pero lo disfrutaban tanto que los jóvenes nos comenzamos a sentir culpables de ser tan vagos en comparación.

Después siguieron muchas otras actividades en el itinerario: dimos una presentación modelo de nuestras clases con la que cautivamos a nuevos alumnos que se inscribieron al curso posteriormente, el grupo de estudiantes chinos compartió sobre su universidad y dio una demostración de artes maciales con espadas, y diversos pasajeros formaron familias al azar, una estrategia para entablar diálogos intergeneracionales, algo muy poco común en la sociedad japonesa.

Luego de la clase, los “Hola, ¿qué tal?” y “bien, ¿y tú?” resonaban en todos lados y eso para mí era introducir nuevos ritmos musicales al barco. Los que se habían sorprendido porque a pesar de mi rostro oriental no soy japonesa comenzaban a acercarse para entablar otro tipo de intercambio cultural. ¡Cuánta gente conoce Argentina! Y cuánta la relaciona con Maradona, Tango, Messi… Espero con mis talleres introducir algo nuevo.

Me tocó como padre de familia del barco Steven, el máster en el método educacional Montessori. Tengo una mamita bailarina, una abuela divina, un abuelo serio y 8 hermanos japoneses. Nos incluyeron a algunos intérpretes porque si no no podríamos comunicarnos. Esta noche tuvimos la primera cena familiar.

Descubrí que dos chicas son enfermeras, uno salió de la secundaria y se está tomando el tiempo en el barco para pensar sobre su futura carrera, y otro es un “niit” (término japonés para referirse a un nini: ni estudia ni trabaja). Sobre el resto todavía no conozco mucho, pero pronto tendré oportunidad. Es interesante sentirse un mudo total entre gente que habla otro idioma. Ésta es la primera vez que me pasa. Lo espectacular es sentirse conectado con alguien a pesar de no entender su idioma.

Después de la cena, el primer invitado del barco compartió su música con un instrumento llamado Karimba.

Emocionante escucharlo y saber sus historias en la India y en África. Durante el viaje realizará un taller para aprender el instrumento y otro para que los participantes expresen sus sentimientos mediante dibujos mientras él toca su música.

Antes de dormir tuvimos nuestro propio concierto con Patrícia y su Ukelele hawaiiano. Un poco de old style “Hey Jude” y canciones inventadas en el momento. ¡Gracias Patrí! El mejor regalo de buenas noches para hoy: creer en el poder de la creatividad y escuchar tu voz abrazando al mundo.

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Posted in: América, Asia, África, Europa