Día 2: ¿Quiénes son los extranjeros?

Posted on 09/11/2011

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Japón, 20 de julio de 2011.

El simulacro de emergencia se canceló porque el tifón seguía al acecho. Las olas crecían y un pánico de mareo infectó a los que seguíamos intentando combatir el mal del mar. Bárbara lo llamaba “la purificación”, porque con cada vómito se le iba el alma. Y nuestro pobre reportero León, de Jamaica y Nueva York, no encontraba ya su ritmo caribeño ni el enfoque para sacar fotos. El suelo movedizo nos hacía bailar de un lado para el otro.

De a poco empezamos a encontrarle el equilibro y a dejarnos vencer por la música dictada por la fuerza del movimiento del agua. Soñando despiertos intentábamos no pegar un ojo en el salón porque las responsabilidades habían comenzado. Hoy nos presentaron por primera vez como “los profesores voluntarios que han venido de todo el mundo a compartir diferentes experiencias”. Peinaditos y formalcitos aprendimos a realizar una inclinación en conjunto de 50 grados por 3 segundos, la forma de respeto y agradecimiento de los japoneses, delante de los centenares de pasajeros. No nos salió sincronizada ni perfecta, pero estaba bien, porque era nuestra manera de decir: sí, somos extranjeros, pero estamos aquí para conocernos.

En la orientación nos habían dicho que el proceso de aproximación a los pasajeros sería lento y paulatino, así que había que presentarse formalmente y ganarse el respeto antes de deshatarnos y empezar a mostrar nuestra piel en el sentido literal, como por ejemplo utilizar pantalones cortos o musculositas. Los extranjeros no éramos sólo nosotros. En este viaje tenemos pasajeros de otros países: un grupo de 6 estudiantes de China que vinieron con un profesor, un joven estadounidense que vive en Beijing llamado Chris, una hongkonesa que vive en Japón, y Noah, a quien todavía no conozco. Para ayudarnos a entender los discursos y eventos, los intérpretes voluntarios realizan interpretaciones simultáneas que escuchamos mediante un aparato. Los CCs (“Communication Coordinators”, en español: coordinadores de comunicación) son los que hacen este viaje posible para los que no entendemos español. No sólo en los eventos formales, sino que en las cenas, en los pasillos, en los bares y en otros rincones del barco, están ayudándonos a entablar relación con los pasajeros que no hablan inglés. En fin, ¡son unos grandes!   Con los audífonos compartidos, escuchamos la presentación del barco realizada por la directora Tamu. Fue el primer saboreo de las miles de reuniones al estilo japonés que tendríamos. A pesar de la importancia de la información proveida, muchos se restringieron de cabecear y algunos hasta inhalaron barritas de eucalipto para no dormirse. 3168 Sin embargo, la seriedad y formalidad con la que se realizan este tipo de conferencias volvía a producir en nosotros una admiración por la cultura japonesa. Al finalizar el evento, despedimos a todos en las salidas con sonrisas y agradecimientos “arigatoo”.

Lo mejor del barco es que en un día uno vive infinitos momentos memorables. Por la noche decidimos con Bárbara darnos una vueltita por el Lucky Star Bar, una esquina con barra y ancianos meceándose con el susurro de la música en vivo en sus sillas y con tragos en mano. La banda filipina era espectacular. Las canciones masajeaban nuestro estrés del día y nos llevaban a la dimensión de lo intercultural. Cuando sonó “La vida es un carnaval”, nos lanzamos a la pista y unos abuelitos y abuelitas se sumaron con una energía increíble. Una mexicana y una argentina taiwanesa bailando salsa cantada por filipinos en un barco japonés. Que ¿qué? Hermoso.

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Posted in: América, Asia, África, Europa