Día 1 en el barco: Hasta luego Yokohama

Posted on 14/08/2011

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Japón, 19 de julio de 2011.

Tempranito estábamos todos esperando en la terminal internacional del Puerto de Yokohama, ansiosos por subir al barco que nos llevaría a un mundo surreal donde todo es posible y a más de 20 puertos alrededor dela Tierra, desde Asia hasta el Medio Oriente, siguiendo por África hasta Europa, tocando América y volviendo finalmente a Asia.

Los profesores e intérpretes voluntarios y el grupo de trabajo teníamos que llegar antes para acomodarnos y luego darle la bienvenida a los pasajeros y ayudarlos con las pesadas valijas que cargaban con la vida que estábamos por comenzar a compartir en 3 meses y un poquito más. Últimos toques, indicaciones de los oficiales de inmigración, y… ¡todos a bordo!

La emoción inexplicable de instalarnos en nuestro hogar flotante se revelaba en cada sonrisa de los 13 extranjeros que serían una de las primeras atracciones en el barco: Belinda, de Australia; Patrícia, Catalana; Monica, de Suecia; Jay, Beth, Tiev, Logan y Devon, de Estados Unidos; Richard, de Inglaterra; Rebekah y Steven de Nueva Zelanda; Bárbara, de Méjico; y Claudia, de Argentina.

Nuestro primer trabajo fue calmar a los pasajeros. Los medios locales anunciaron la aproximación de un tifón que ya nos estaba despidiendo con lluvias y un cielo sombrío. Todos teníamos tareas: los hombres ayudaban a los pasajeros a subir sus valijas, las que no hablábamos japonés ayudábamos cubriéndolos con paraguas, y los intérpretes, junto a los trabajadores del barco provenientes también de todo el mundo (Indonesia, Filipinas, Honduras, Nicaragua, Rusia, Ucriania, etc), los escoltaban a sus cabinas. Con Bárbara terminamos las dos empapadas de sonrisas y cientos de “arigato” (gracias en japonés) que rescatábamos entre frases que no lográbamos entender de los pasajeros que se convirtirían en nuestros estudiantes, amigos, familia y compañeros de vida. La lluvia mojaba nuestro cuerpo, pero la experiencia nutría nuestras almas. De las 850 personas que subían, la mayoría era de edad avanzada. ¿Qué cuentos y leyendas nos transmitirán? ¿Con qué cosas nuevas los sorprenderemos? ¿Qué química surgirá entre nosotros? Estábamos todos a la espera.

Al terminar el embarque, nos cambiamos inmediatamente a trajes formales para distribuir champagne, jugo de naranja y sonrisas de bienvenida.

A las 15hs, Tamu, la enérgica y elegante directora del viaje, dio un discurso breve que cobraba vida con el mar de familiares y amigos que nos despedían desde tierra firme.

Las despedidas son tan tristes… A pesar de no conocer a ninguno de los que gritaban y saludaban con sus manos y sus carteles de aliento, el momento nos robó lágrimas ajenas. Era increíble lo que estaba sucediendo. ¿A quién se le ocurriría que estaríamos dando la vuelta al mundo en un barco por 101 días con un Japón flotante, compartiendo nuestra cultura, intercambiando ideas y promoviendo la paz? De pequeña soñaba con conocer cada rincón del mundo, pero nunca se me hubiese imaginado la posibilidad de estar haciéndolo de esta manera. Sin embargo, esto ya no era un sueño. Estábamos por zarpar.

A pesar del tifón a nuestro encuentro, ¡zarpamos! El barco se movía y los que nos depedían corrían intentando darnos un último abrazo. Era tarde, ya habíamos comenzado un viaje sin retorno, por lo menos hasta después de 101 días.

Nos relajamos y empezamos a disfrutar del mar que nos acompañaría día a día y el cual sería nuestra cuna, a veces violenta y a veces tierna. Con los ojos clavados en la costa que se iba alejando de nuestro alcance, dejamos que el viento nos susurrara las buenas nuevas.

Aplaudimos el cruce del puente famoso de Japón, porque finalmente nos embarcamos en esta aventura de vivir intensamente la vida cada día.

Desenpacamos enrredos familiares y apegos hogareños en las cabinas y nos acomodamos para hacer de estas habitaciones el refugio. A los voluntarios nos asignaron los cuartos de 2 o 3 camas del 4to piso, el más bajo. Un/a profesor/a y un/a intérprete en cada uno. Los coordinadores nos juntaron según nuestras personalidades e intereses. Cortázar hablaba de almas paralelas en el mundo. Yo conocí a la mía: Silvy, una chica coreana que estudió japonés en la universidad y trabajó en Samsung. Inteligente, divina, trabajadora y muy buena. Desde hoy, seríamos como hermanas. Enseguida descubrimos que habíamos tenido las mismas luchas en el pasado y una similar visión de lo que venía en nuestros futuros. ¿No es genial darse cuenta que no estamos solos en el remolino de la vida?

Sin contar con mucho tiempo para socializar, decidimos dejar las charlas interminables para más tarde, porque en unos minutos comenzaba la primera fiesta en el barco, y todavía teníamos que superar el mareo que empezábamos a sufrir varios.

Sería una noche de presentaciones y juegos al estilo japonés, y bailes variados inducidos por los que dábamos vueltas con espíritu latino y movimientos inventados. Tiev sorprendió al público con House, Jay y Devon atrajo al grupo con un poco de Hip Hop, y Steven me hizo dar miles de vueltas sobre mi eje intentando combinar salsa con otros saltos que sólo me daban la opción de seguirlo o morir en el intento. Fue halucinante. Los jóvenes japoneses saltaban incesantemente sobre el escenario, mientras otros disfrutaban de tragos en el bar. Cada uno en su mundo en un barco que se movía como una Matruska sobre las olas gigantes que traía el tifón. La locura había comenzado.

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Posted in: América, Asia, África, Europa