Hawaii

Posted on 06/06/2011

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Finalmente llegamos a la última parada del viaje de Ma: Hawaiiiiii. Para los periodistas, ésta es la celebración de casi 5 días sin dormir más de 4 horas. ¿Se nos nota la alegría? En la foto estamos haciendo fila en Inmigraciones con unos “Yeah” (marca de dos deditos) taiwanés que simboliza un “estoy contento”. Pasamos a ser pasajeros normales, porque Estados Unidos es experto en hacer sentir a los extranjeros que no tienen por qué ser respetados cuando quieren entrar a sus suelos. Además, recordemos que la comitiva de Ma no tiene pase diplomático en países que no reconocen a Taiwán. No importa, yo les sonrío a los oficiales para que me den el sello ¡así puedo ir a la playa ya!

Son las 8pm y tenemos que entregar nuestra última actualización sobre lo ocurrido en Nicaragua antes de disfrutar de la magia de Hawaii. La sala de periodistas del hotel nos recibe con café sabiendo que estaremos toda la noche trabajando. Yo le agradezco a la hawaiana hermosa que con su ukelele invita al relax. Sin embargo, los periodistas están en furia: “¿Cómo puede ser que el internet de Estados Unidos sea más lento que el de Centroamérica? ¿La oficina representativa de Taiwán no se dio cuenta que no podemos relajarnos sin haber terminado nuestro trabajo?”. Las buenas intenciones no contaron en esa noche. Tuvimos que quedarnos más tiempo de la cuenta porque la conexión no funcionaba y podíamos comunicarnos con nuestros colegas en Taiwán.

Entre la espera de una mejor banda ancha, surgió un debate sobre “qué de lo que ocurrió en Nicaragua fue verdadero” y “qué fue un show para que los periodistas reportemos”. Todos concordamos en que es difícil sacarle el jugo a los viajes diplomáticos porque la información la controlan el gobierno y la comisión gubernamental. Es más, no podíamos movilizarnos sin permiso y el idioma les creaba barreras a los periodistas. Al final, a pesar del furor, entre los intercambios de opiniones sobre las acciones de Ortega y sus implicaciones, la hawaiana del café nos trajo un poco de paz y alegría.

Dormimos dos horas y el amanecer nos despertó desde las ventanas que daban a la preciosa playa. Sentí que era el mejor regalo que nos habían dado de descanso en este viaje: un día por las costas.

Alrededor, la gente disfrutaba del sol, meditaba, hacía surf, corría. Para mí era un paisaje de tranquilidad que hacía mucho no apreciaba. En Taiwán todo va a mil y se siente la tensión en el aire, así que estaba como un pajarito fuera de su jaula.

Ma quería realizar su recorrido diplomático en privado, sin los paparazzis dando vueltas, porque el gobierno estadounidense le había dado la visa con la condición de no reportar nada desde su territorio. A los medios nos organizaron un tour por la isla Wakiki, así que nos reunimos todos en la puerta del hotel preparados para un día de ocio.

Ya estábamos todos en el autobús esperando, cuando alguien lanzó la noticia: la periodista del canal de noticias más controvertido y su camarógrafo se tomaron un taxi para seguir al presidente sin el permiso del funcionario que estaba a cargo del grupo de prensa. El autobús arrancó para evitar que otros se bajaran y realizaran iniciativas propias. Se generó un ambiente de ebullición… La rebelde les podría arruinar la carrera a los otros periodisas de televisión. Es así, si en Taiwán salía algo sobre el viaje de Ma “inédito” y “exclusivo”, a los demás periodistas los castigarían por no haber obtenido la misma noticia. Ése es el fruto del espíritu competitivo.

Mientras los medios televisivos llamaban urgentemente a sus sedes en Taiwán para explicar la situación y discutían en el autobús cómo exigirle sanción por parte del gobierno al canal que no siguió las reglas, yo me acerqué a un equipo que mantenía la calma y se sumergía en la belleza de las montañas y las aguas que pasaban como película por nuestras ventanas. Era el equipo de periodistas del Canal Indígena de Taiwán. Ellos habían optado por no seguir el viaje convencional de Ma y reportar sus actividades oficiales, sino que aprovecharon el avión presidencial para llegar a Centroamérica y conocer tribus lejanas. Su objetivo era reportar sobre la cultura indígena de etnias parientes de los indígenas taiwaneses. Me atraparon sus historias. ¡Cómo me hubiese gustado haber hecho el viaje con ellos!

Bajamos para nuestra primera parada del tour.

La periodista Kolas Yotaka, de la tribu Amei (la única matriarcal en Taiwán) me contó sobre su viaje, los encuentros especiales que tuvieron con las tribus locales de Panamá y Nicaragua, y sobre el parentesco de los indígenas taiwaneses con los de Hawaii. También me habló sobre el progreso político y social de los indígenas que ha estado ganando terreno en Taiwán en los últimos años. Me dijo que, sin embargo, se continúan viendo políticas realizadas a base de valores de los la mayoría de los taiwaneses, los Han. “La forma de pensar y de ver la vida es muy diferente”, aseguró, dándome como ejemplo la obra teatral que estábamos viendo en el autobús a causa del tema de la periodista que no se unió al grupo.

Suspiré al recordar las miles de historias trágicas que comparten los pueblos originarios en todo el mundo: la colonización, la explotación, la burla, la violación, el despojo de sus tierras, el pisoteo a sus culturas. Me tomé un momento para procesar ese dolor ajeno que se apoderó de mi pecho, y decidí sanar de la forma en que muchos indígenas lo hacen: conectándose con la naturaleza.

Desde lejos veíamos el poder del azul y la magia del cielo.

¡Qué envidia las parejas que celebraban su amor en el bautismo de arena! Mientras miraba las palmeras refrescando a los tortolitos, otro grupo de alegres compañeros me llamaron para sacar juntos una foto: los Hakkas, eternos amantes de la vida agrícola y de los lazos que se crean bajo la bendición del sol.

Se nos termina el corto tiempo para absorber el mensaje de Hawaii. Próxima parada: lugar donde vivió Sun Yat-sen, el líder de la revolución que derrocó al Imperio Chino corrputo del momento y puso en su lugar un sistema feudalista elitista al que luego vencería Mao. Al perder contra las ideas comunistas, el sistema de Sun se retiró a Taiwán y se instaló en la isla. Por eso, Taiwán continúa venerando a Sun como Padre de la Patria.

Almorzamos comida hongkonesa en las tranquilas calles del Barrio Chino, viendo cómo el día se va nublando para despedirnos.

Terminamos nuestra jornada en un lugar especial: el Pearl Harbor, puerto recordado por los ataques sorpresivos de Japón.

Cada pueblo escribe su historia con sangre y lágrimas. Acá estamos los extranjeros intentando entender lo vivido con los barcos que quedaron perpetuados en este puerto. Lograr esto sobrepasa las cualidades de un periodista de noticias.

Hawaii no es un lugar para trabajar. Definitivamente volveré algún día para encontrar mucho más. Por ahora, me voy satisfecha de haber vivido un viaje intenso que me llevó al diálogo con múltiples sujetos.

“Desde Hawaii, Claudia Lee reporta para Radio Taiwán Internacional…”. Ésta ha sido una experiencia fenomenal.

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Posted in: América